Posted on Nov 30, 2018 in Escritura, Estudiantes Pregraduados | 0 comments


Grotesco

por Kristopher Perez

Había un hombre muy poderoso que vivía en un apartamento en Nueva York. Todos los días caminaba a su trabajo, siempre mirando su reflexión en la cámara de su teléfono. “Hoy me veo muy bien,” dijo él. Nada le importaba al hombre – solamente su aspecto. Cuando su esposa lo dejó, le puso la culpa a ella. “No puedes agradecer lo que tienes,” dijo él. Se miraba en cualquier momento que pudo. En el baño, en la concina, cuando estaba manejando su vehículo. El hombre no se separaraba de su reflexión. Un día, el hombre se estaba preparando para una reunión muy importante con otra compañía, pero el decidió que antes de entrar a la sala de conferencias tenía que mirarse una vez más en el espejo. Era tan bonito el hombre, que ni siquiera podía resistir el impulso. Entro al baño y se miró en el espejo. Después de media hora, se dio cuenta que no se podía mover. Estaba atrapado en su propia mirada fija. Unos minutos pasaron y el hombre se enteró que su reflexión se estaba moviendo. Se veía enojado, con una rabia en sus ojos. La reflexión le dio un puñetazo al espejo, mandando fragmentos de virio al piso del baño. En dos movimientos muy rápidos, la reflexión recogió un fragmento muy afilado de virio y le corto el yugular al hombre. Se cayó al piso y sufrió una muerte lenta. En esos momentos antes que el hombre e muriera, pensó en algo aparte de si mismo. Pensó en su vida, y que él podía hacer si cosas eran diferentes. Los compañeros suyos no lloraron su muerte, y su compañía solamente contrataron a otro hombre que también nunca se podía desquitar de su reflexión. Pero esta vez, ellos aseguraron que el no entrara al baño.