Posted on Feb 24, 2016 in Ensayos, Estudiantes Pregraduados |


por Samuel Righi

Me interesa la música caribeña. Expresa la tristeza de la vida con una determinación tácita de nunca permitirla capturarnos. Esa música abraza a la vida sensual—a las emociones más esenciales y más sinceras de los seres humanos. Abraza la ambigüedad. Me encanta la fuerza con que tratan con lo malo de la sociedad en <<Chan Chan>>, un cuento de amor. No hay análisis meticuloso; expresa directamente la realidad clara de vivir en una cultura racista. La canción está llena de pasión, de lo gris de la vida—no finge darnos una imagen sanitaria o definida. Es una bocanada de aire fresco para el estudiante de la universidad estadounidense.

Escucho a Bocelli y a unos artistas latinoamericanas del hip-hop. He oído Buena Vista Social Club aunque nunca me había tocado como ahora. No he oído casi nada del son cubano fuera de la corriente principal. Intento explorar esa música. Me inspira confiar en la vida tanto que no dependo en las palabras para justificarme o asegurarme. Las ideas se rinden al sentido elemental.

Como todo de la historia colonial, el son es una combinación de los mundos que se mezclaron en el Caribe en los quinientos años pasados. Encarnado en la fusión de los sonidos elementales de sus tres culturas distintas están los sueños de la gente que se encontraron en Cuba. Está el sufrimiento del colonialismo. Están el tabaco y el azúcar. Están el racismo, el amor, la desesperanza y la risotada. El mar está. La isla está. El ritmo africano se combina fluidamente con las cuerdas suaves de la guitarra española.  Los dos se juntan con los sonidos antiguos que han sido parte de la tierra caribeña por miles de años. Es increíble que nunca en la historia humana hemos creado algo tan único—una música tan fluida que consiste en partes tan distintas, extrañas una de las otras.   Esa música atesta a la creatividad de sus artistas. Es una expresión viva de la humanidad—la bandera primaria de una gente que ha sufrido el terror del colonialismo. Lo sobrevivieron. Han creado una música que expresa la humanidad profunda. Esa música conoce a lo menor y a lo mejor de ser humano. Esa música provoca al cuerpo bailar.